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¿Quién decía que los jóvenes no tienen nada que decir sobre Política?

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Quien lo dijo estaba equivocado. La experiencia que he estado viviendo durante estos últimos meses me ha demostrado que los jóvenes tienen que decir más de lo que mucha gente piensa.

Todo comenzó, hace ya cerca de un año, cuando unos compañeros y yo nos presentamos a un concurso llamado Modelo de Parlamento Europeo (MEP). Resultó ser un concurso de un calibre totalmente distinto a lo que estábamos acostumbrados. Cuando los profesores del colegio nos plantearon los temas a desarrollar, obligatorios para la primera selección del concurso, nos pareció una tarea difícil: Nuestra primera sorpresa fue que debíamos escribir ¡un ensayo! acerca de temas como el futuro de Europa o la libertad de expresión. Pronto, nos pusimos a recopilar toda la documentación posible, y el trabajo de varias semanas dio su fruto, finalmente, ya que cuatro alumnos del Lope de Vega logramos pasar con éxito a la siguiente fase, la Nacional, que se celebraría en Madrid. Mª Covadonga Agulló, Miguel Devesa, Eugen Ivorra y yo (actualmente alumnos de 2º de Bachillerato) junto con la profesora Silvia Berenguer, emprendimos el viaje hacia la metrópolis, el inicio de cuatro días maravillosos. En estos días, aprendimos a hablar en público, a ganar terreno al miedo escénico y a debatir entre nosotros los jóvenes, expresando diferentes puntos de vista y, en muchas ocasiones, llegando a interesantes consensos. Así, todos los participantes, jóvenes de toda España, fuimos comprendiendo la base y el funcionamiento del Parlamento Europeo.

Después de esta experiencia, transcurridas unas semanas, la Organización del concurso MEP había seleccionado a algunos chicos y chicas de los que participamos en Madrid.

Se pusieron en contacto con cada uno de nosotros para poner a prueba nuestros conocimientos de inglés, y tras una conversación telefónica, tuve la suerte de volver a ser seleccionada para la siguiente fase, la fase Internacional. Ésta, desarrollada totalmente en lengua inglesa, tuvo lugar en Roma y, allí, nos reunimos cerca de 150 jóvenes, seleccionados en esta ocasión, de todos los países de la Unión Europea. La primera alegría fue volver a ver a los jóvenes que conformaban conmigo la delegación de España, ya que, durante los cuatro días que convivimos en Madrid establecimos una buena relación. Un autobús que nos llevó por Roma fue testigo de nuestros gritos y cantos que dejaron patente nuestra procedencia española hasta finalizar el trayecto donde, por fin, conocimos a nuestras familias anfitrionas. La oportunidad de poder convivir con una familia italiana fue una experiencia maravillosa que disfruté mucho. Así, bajo la tutela de mi mamma italiana y su hija, tuve la ocasión de conocer a fondo Roma – la ciudad eterna – y disfrutar de los lugares más emblemáticos de la ciudad. La visita más destacada fue la recepción a la que asistimos toda la delegación española en la embajada de España. El embajador en persona se tomó el tiempo para darnos la bienvenida, así como contarnos las responsabilidades y funciones que desempeña. Yo aproveché para hacerle entrega de un obsequio: un plato conmemorativo de nuestra Institución Educativa en nombre de la Junta directiva.

Pero no todo fue ocio y ya, desde un principio, comenzamos a trabajar teniendo como meta la redacción de una resolución y su posterior presentación en la Asamblea General. Tuvimos varias reuniones de comisión donde unos 20 jóvenes procedentes de lugares tan dispersos como Turquía, Suecia, Grecia y Alemania, entre otros, debatimos sobre temas que actualmente conciernen a la Unión Europea. En mi caso concreto, el tema que tuve que tratar fue la “protección del consumidor”. Tras largas e intensas discusiones, y a pesar de las diferencias culturales, logramos llegar a un consenso y redactamos nuestra resolución. La parte más emocionante del proyecto fue la Asamblea General – que tuvo como telón de fondo el Campigdolio de Roma – donde, ante unas 180 personas, debatimos sobre las diferentes propuestas, votamos a favor de su aprobación o denegación, preparamos discursos y defendimos nuestra propia resolución.

Pero a parte de este trabajo sumamente interesante, a nivel académico, uno de los aspectos más emocionantes y  enriquecedores fue las relaciones interpersonales. La oportunidad de poder entablar amistad, conocer y compartir con jóvenes de los 27 países de la Unión Europea, además de convivir con una familia foránea y conocer las costumbres de su país, tiene un valor incalculable. Ya, sólo, por esta razón, vale la pena hacer un pequeño esfuerzo y presentarse al MEP. Y desde estas mismas líneas animo a todos los estudiantes a que den este paso, así como la enhorabuena a la organización del concurso por darnos a los jóvenes la oportunidad de ser más conscientes en la participación de nuestra sociedad.

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