noticia

El pasado viernes 31 de mayo se celebró la Orla de final de curso para los alumnos de 2º de Bachiller, y los ciclos de TAFAD y TSEI del CI Lope de Vega. La ceremonia comenzó a las 18:00 horas en el pabellón del colegio con el saludo de la directora, Doña Áurea González, que animó a los graduados a seguir con la misma ilusión el resto de sus vidas estudiantiles y laborales.orlafotomaton

El acto siguió con el discurso del padrino de la promoción, que este año fue el Doctor Rafael Alemany, catedrático de Filología Catalana por la Universidad de Alicante e insigne ex alumno del colegio, que compartió con todos los presentes sus experiencias y anécdotas vivenciales. De esa forma habló del antiguo edificio, situado en el centro de Benidorm, cuando los recreos se hacían en la propia playa de Levante. Y dio varios consejos a todos los jóvenes que celebraban ese día tan importante en sus vidas.

Ya en un tono más desenfadado llegó el turno de los alumnos. Comenzaron dos integrantes de Bachiller, que rememoraron con un tono muy emotivo sus primeros años en el centro “cuando salían al patio a jugar a la pelota sin ninguna preocupación”. Luego siguió la portavoz de TSEI, que quiso agradecer a todos sus profesores su dedicación en los dos años del módulo. Y por último le tocó el turno al alumno de TAFAD, que se mostró con una gran soltura en su discurso, dando lugar a un par de chascarrillos que hizo reír a todos los allí presentes.

Tras la entrega de las orlas y las fotos correspondientes le tocó el turno a Don Vicente Fuster, representante de la titularidad del colegio, que habló de los valores que se inculcan desde el Lope de Vega y que han marcado a numerosas generaciones de alumnos, como es el caso de la actual promoción.

Para clausurar el acto se proyectó unos videos en los que se recordaba en imágenes un sinfín de anécdotas, viajes y experiencias compartidas en tantos años juntos como habían compartido todos aquellos que el viernes pusieron su punto y final en su trayectoria como alumnos del Lope de Vega. El colofón final tuvo un toque musical, ya que una alumna de TSEI deleitó a todos al piano, y una de Bachiller lo hizo con su voz de mezzosoprano, provocando una gran ovación final.

Después se pasó a la ya tradicional picaeta, en la que profesores, alumnos y familiares departieron una agradable velada para poner el telón final a una brillante trayectoria educativa y vital.

INTERVENCIÓ DE RAFAEL ALEMANY FERRER EN L’ACTE DE GRADUACIÓ DE LA XLVIII PROMOCIÓ D’ALUMNES DE BATXILLERAT I CICLES FORMATIUS DEL COL·LEGI INTERNACIONAL “LOPE DE VEGA” DE BENIDORM

(Benidorm, 31 de maig de 2013)

Buenas tardes.

El Colegio Lope de Vega me hace el alto honor de apadrinar la XLVIII Promoción de alumnos de Bachillerato y Ciclos Formativos en la tradicional y entrañable ceremonia de despedida y entrega de Orlas que se viene celebrando cada fin de curso. Expreso, pues, mi gratitud más sincera a la familia propietaria de este centro y a su directora educativa, que no han cesado de remover con tesón y eficacia cuantos obstáculos parecían oponerse a que compartiera estos gratos minutos con ustedes.

Soy uno de los muchos benidormenses egresados de este colegio. A él accedí a principios de la década de los sesenta del siglo pasado. Recuerdo con precisión el día en que mi madre me llevó por vez primera a las primitivas instalaciones del centro, situadas en una casa de la antigua calle de Ricardo (hoy del Dr. Pérez Martorell), muy próxima al Torrejó, propiedad de la familia de don Carles Llorca Timoner, colaborador de don Juan Fuster Zaragoza en la puesta en marcha en 1956 de la academia que constituyó el embrión del actual colegio.

dñacarmenconpadrinoPero volvamos a mi entrada en el Lope. Con los sentimientos encontrados a que me he referido, accedí con mi madre al despacho del director, don Juan Fuster Zaragoza, situado en lo que debió ser una habitación interior del primer piso del caserón. Y todo fue de mil amores. Me dio confianza el tono cálido de la conversación entre don Juan y mi madre, cosa bien explicable habida cuenta de que entre las familias maternas del fundador del colegio y la mía siempre había existido una excelente relación de vecindad y de amistad, puesta a prueba, singularmente, en los difíciles años de la Guerra Civil Española. Tal fue mi entrada en el Lope.

La casa que albergaba el primitivo colegio constaba de una planta baja y dos alturas. La primera la ocupaban los niños y niñas de Primaria y las alumnas de Bachillerato, mientras que las dos plantas altas acogían a los alumnos varones de este mismo grado, además del despacho de la dirección i del laboratorio. Al principio, los estudiantes del Lope de Vega tenían que ir a examinarse al final de cada curso, como alumnos de enseñanza libre, a los institutos de Enseñanza Media Jorge Juan de Alicante y Padre Eduardo Vitoria de Alcoi. Así fue hasta que el colegio obtuvo la condición de “reconocido” por el entonces Ministerio de Educación Nacional, primero solo para su sección masculina y, poco después, para la femenina.

Durant els meus primers anys en el centre, vaig tindre com a mestres donya Marisa Lloret i donya Rosa Zaragoza, amb la preparació impagable de les quals vaig superar, en juny de 1962, l’examen d’ingrés en el Batxillerat davant d’un tribunal presidit per don Juan Fuster i integrat, així mateix, per donya Angelita Barceló, experta en matèries d’Humanitats, i donya Antonia Consuelo, especialista en Matemàtiques. En la casa de l’antic carrer de Ricardo vaig fer els tres primers cursos del Batxillerat Elemental (equivalent a l’ESO d’ara), mentre que quart d’este grau i quint i sext del Batxillerat Superior (equivalent al Batxillerat actual), així com el curs Preuniversitari, ja els vaig fer en les anhelades instal·lacions que ocupa actualment el col·legi. No cal dir que el canvi es va notar, donat que no era comparable una casa familiar reciclada com a centre docent amb una edificació moderna i esplèndida concebuda des del principi per a esta finalitat. Bastarà dir que, durant l’etapa del primitiu col·legi, les precàries practiques de laboratori es feien en el que havia sigut la cuina de la casa i que les classes d’Educació Física s’impartien en la platja de Llevant, que era, a més, el lloc dels temps d’esplai. No obstant, aquell vell col·legi tenia un sabor especial, i evocar-lo després de tant de temps em porta a vincular-lo al naixement de les meues primeres amistats i, per tant, als orígens del meu desenvolupament en societat.

El plan de estudios que cursé constaba de las siguientes etapas: a) el examen de ingreso ya citado; b) un ciclo de cuatro años, al finalizar el cual se hacía en el instituto correspondiente un examen de Reválida cuya superación daba acceso al título de Bachiller Elemental; c) un ciclo de dos años, rematado también por una Reválida, que facultaba como Bachiller Superior en Ciencias o en Letras, y d), finalmente, el curso Preuniversitario, coronado por una exigente Prueba de Madurez que se realizaba en la Universidad. Todo ello constituía una estructura formativa sólida y, sobre todo, estable, muy alejada de la penosa práctica, irresponsable y frívola, de reformas y contrarreformas vertiginosas, con resultados patéticos, que viene sufriendo la comunidad educativa y, en definitiva, toda la sociedad, desde un tiempo ya demasiado largo. La educación es uno de los pilares básicos del bienestar y del desarrollo de un país y, por tanto, una cuestión de Estado en la que todas las formaciones políticas deben esforzarse en lograr la máxima convergencia para garantizar la estabilidad y el éxito imprescindible del sistema.

Francamente, me considero un afortunado por haber podido estudiar en el Lope de Vega en el tiempo histórico en que lo hice. Hasta bien entrada la segunda mitad del siglo pasado no había en Benidorm ni en su comarca ningún centro público ni privado de enseñanza secundaria. No fue hasta 1968 cuando se abrió en la Vila Joiosa una sección delegada del instituto Jorge Juan de Alicante. Antes de la fundación del Lope de Vega, los adolescentes benidormenses habían de recurrir a academias y clases particulares para alcanzar la formación necesaria que les permitiera superar los exámenes que, como alumnos en régimen de enseñanza libre, rendían en los institutos de la provincia correspondientes. Si no se hubiera creado nuestro colegio, muchos de quienes hoy poseemos titulaciones universitarias quizá no las tendríamos, ya que ni la mayor parte de las economías familiares de la época permitían ir a estudiar fuera de Benidorm, ni el régimen de enseñanza libre se presentaba como el más atractivo para los alumnos.

Por otra parte, no es necesario señalar que el mérito substancial de una institución docente es la calidad de su profesorado. Lo habremos de decir bien claro y bien alto ahora que tanto se lleva idolatrar hasta el paroxismo las Tecnologías de la Información y la Comunicación, confundiendo con frecuencia lo que, pese a su utilidad indiscutible, no son más que instrumentos al servicio de unos objetivos con estos mismos. No: en la labor educativa, no hay medios materiales ni tecnologías sofisticadas que puedan substituir al profesor competente y capaz de contagiar a sus alumnos su entusiasmo por lo que enseña y por los valores que transmite. Pues bien, la plantilla de profesorado del Lope de Vega, de la que tuve la suerte de beneficiarme era de un nivel medio muy notable y con una dosis de ilusión capaz de superar con creces las limitadas condiciones materiales propias de la actividad docente de aquellos tiempos.

En les assignatures de Ciències vaig tindre l’oportunitat de rebre les classes de professors com el propi fundador i director del col·legi, don Juan Fuster —un exemple d’home de bé i amb una fe desmesurada en el seu ambiciós projecte—, donya Carmen García, donya Cecilia González, don Pedro Fuster o don Ernesto Ruiz, tots ben competents en les matèries que explicaven, bons pedagogs i millors persones. Per la seua banda, en les disciplines d’Humanitats, que eren les que més m’interessaven per vocació personal, mai no agrairé suficientment el bon saber fer, ple d’estímuls decisius per al meu futur, de donya Laura Lloret, donya Vicenta Lloret, donya Pepita Rubio, donya María Ignacia Machado, donya Emilia Monerris, don Manuel Monterde, don Blas Iborra, don Alberto Roca, don Mario Ruiz, donya Adela Alegre, donya María Mayor o donya Mireille Gil.

No puc ni vull oblidar tampoc el bondadós i lúcid sacerdot don Tomás García, que impartia Religió catòlica sota els estímuls renovadors del flamant Concili Vaticà II, ni el sever i eficient don Eduardo Segado, responsable d’Educació Física i organitzador d’uns espectaculars festivals fisicoesportius de fi de curs, ni el polifacètic don José Albero, capaç de contrarestar els dogmatismes de la inefable Formación del Espíritu Nacional amb iniciatives substitutòries molt més creatives com ara la formació d’un cor de cant. I acabe amb l’evocació de dos grans professors de Dibuix, els pintors don Asdrúbal Dapena i don Antonio González (“Antogonza”).

Per llei de vida, molts dels professors esmentats, dissortadament, ja no es troven entre nosaltres, però el seu bon fer generós els sobreviu a través de l’empresa educativa de la qual van formar part i de tots quants tiguérem la feliç oportunitat de formar-nos sota el seu magisteri.

El col·legi Lope de Vega, el seu fundador i la seua família, així com els seus successius claustres de professors, són mereixedors de la gratitud i del reconeixement del poble de Benidorm, i, particularment, de tots aquells que, com jo mateix, som conscients que, sense l’oportunitat que ens va proporcionar la creació d’este centre, potser mai no hauríem arribat a assolir les metes personals i professionals que, per fortuna, hem assolit.

Hoy se gradúa la XLVIII promoción de alumnos de Bachillerato y Ciclos Formativos, lo que, sin duda, es un motivo de gozo y, quizá también, de una cierta nostalgia ante una etapa que se cierra para dar paso a otra nueva todavía incierta.

Desde mi condición de antiguo alumno que ya cuenta con una cierta experiencia vital y profesional acumulada a lo largo de los años, ¿qué puedo sugerirles yo a los integrantes de esta promoción que tanto me satisface apadrinar en este acto?

En primer lugar, que, por difíciles que sean las circunstancias que hayan de afrontar a partir de ahora, mantengan siempre un espíritu positivo y no se arredren a la hora de superarlas con ánimo, convicción y energía. Superar los obstáculos de la vida personal y profesional siempre implica cierto dolor, pero, a la vez, constituye un acicate para nuestra autoestima personal. La cultura del esfuerzo y de la tenacidad permanentes es la única que, a mi juicio, permite alcanzar resultados de excelencia y estimulantes satisfacciones íntimas que dan sentido a nuestras vidas.

En segundo lugar, que, a la hora de elegir su itinerario formativo y profesional, ya sean carreras universitarias u otras salidas laborales, se guíen fundamentalmente por su vocación y por la valoración sincera de sus capacidades reales. No hacerlo así equivale a adquirir el pasaje más seguro hacia la infelicidad personal y hacia la mediocridad profesional. Hagan lo posible por elegir lo que les gusta y aquello para lo que se sienten más aptos: solo así estarán bien situados para desarrollarse adecuadamente como personas y para servir de manera óptima a la sociedad. Lo demás, créanme, vendrá por añadidura.

En tercer lugar, que tengan siempre un criterio propio, ético, razonable y fundamentado, que les permita ser auténticos ante las inevitables presiones o cantos de sirena de un mundo cada vez más complejo en el que no siempre todo es lo que parece.

I, en quart lloc, que, sense menyscapte de l’anterior, siguen sempre exquisidament respectuosos amb la diferencia, és a dir, amb les diverses opcions ideològiques, religioses, sexuals, lingüístiques o de qualsevol altra mena. I ”ser respectuosos” no significa només que toleren la seua coexistència amb les de vostés, sinó una cosa més difícil i enriquidora: que, fins on puguen, s’apliquen a discernir la part de veritat que hi ha en cadascuna d’estes opcions, tot i que no les compartisquen. Deixen de banda els absoluts, ja que la historia demostra que cap d’ells no ha sigut la vareta màgica capaç de solucionar els permanents reptes vitals i socials. Tinguen la certesa que els seus criteris, la seua manera de veure les coses, per magnífics i justos que els semblen, no són més que uns dels molts amb els quals poden i han de conviure productivament.

Y, en fin, tras estas sugerencias sinceras, que me gustaría que retuvieran en el fondo de sus conciencias, y desde mi agradecimiento renovado a mi colegio, que es el suyo, no me queda más que desearles lo mejor a todos y cada uno de los alumnos de la XLVIII promoción de Bachillerato y Ciclos Formativos del Colegio Lope de Vega, que pronto se dispondrán a navegar con barca nueva y, seguro, con viento favorable. No hace falta que les diga, de corazón, que, en ese periplo, siempre podrán contar con mi consejo y con mi ayuda, si es que llegan a necesitarlos.

Deseo una larga y fecunda vida a esta digna institución docente y a todos cuantos, día a día, siguen manteniéndola en pie y desarrollándola, como dignos sucesores de quienes pusieron sus primeras piedras y lucharon hasta la extenuación, a veces desde un discreto silencio, contra toda clase de obstáculos e incomprensiones.

Moltes gràcies a tots, el meu afecte i la meua amistat més sincers.